Monasterio de las M.M. Franciscanas

D. Hernando Alonso, clérigo de Fuensalida allá por el siglo XVI, cedió voluntariamente, en vida, toda su hacienda para la fundación de este monasterio de clausura de religiosas de la Tercera Orden Regular, bajo la advocación del Espíritu Santo.

La fundación fue autorizada por el Papa Pablo III en la Bula del 16 de mayo de 1538. La orden Franciscana aceptó la donación en un capitulo celebrado en Escalona y fray Antonio de la Cruz, ministro provincial de Castilla, mandó a los padres Fray Alonso Manrique y fray Luis de Alcalá, del monasterio de S. Juan de los Reyes, que vinieran a esta villa para recibir la nueva fundación y dar posesión de ella a la nueva comunidad, el 25 de octubre de 1533.

Hasta la  desamortización era un monasterio con sana economía, poseía una huerta en la calle Toledo, rentas sobre varias casas y bastantes tierras en esta localidad  y en otras más de la región. El aumento de sus bienes procedía principalmente de las donaciones de personas piadosas, de las dotes de las religiosas y de las adquisiciones que hacia la propia comunidad.

Al tratarse de un convento de clausura no se puede visitar ni fotografiar el interior, por lo tanto debemos ceñirnos al estudio del exterior y a la iglesia.

La casa conventual es la yuxtaposición de diversas casas particulares reformadas y adaptadas según las circunstancias.

Tiene un patio y un claustro de planta cuadrada con arquerías apuntadas de escasa elevación en sus cuatro crujías, hechas de ladrillo y recubiertas de yeso.

La iglesia, orientada hacia el nordeste, es de una sola nave, sin capillas laterales, y cubierta con una bóveda de medio cañón interrumpida por cuatro arcos fajones. En cada tramo hay dos lunetos, uno frente a otro, que cobijan otros tantos óculos, los dos centrales están ciegos. La nave se encuentra dividida en tres tramos, mediante unas pilastras  muy planas, adosadas al muro y de las que arrancan los arcos fajones.

El arco triunfal, arranca de dos gruesos pilares adosados al muro, separando el presbiterio de la nave.

Tanto el presbiterio como el coro se encuentran  a un nivel más alto que la nave, y el acceso a aquél es a través de unos escalones. Tiene planta cuadrada, por tanto la cabecera es plana, y se cubre con una cúpula semiesférica de gajos, muy rebajada, sobre pechinas. La iluminación se obtiene a través de una ventana de dintel curvo en el lado de la Epístola, enfrente hay otra, pero está ciega.

Tiene dos entradas, una a los pies, en el lado del Evangelio y otra, la principal, ubicada en el centro de la nave del lado opuesto, como consecuencia el eje de la iglesia y el de entrada se cortan perpendicularmente.

El coro se halla situado a los pies, se comunica con la nave a través de dos ventanas cuadradas protegidas con una gruesa reja y en el centro un arco rebajado, también con reja, por donde las religiosas reciben la Comunión.

Es de planta casi cuadrada, con igual bóveda que la nave pero más rebajada, asimismo dividida en tres tramos por cuatro arcos fajones, pero solo los dos arcos de los extremos descansan en las pilastras. Por cada tramo llevan dos lunetos cobijados en sendas ventanas en lugar de óculos, pero todas están ciegas excepto la primera de la fachada principal. Otro punto de luz es la ventana que tiene a los pies.

La sillería es de un solo piso y muy sobria, está colocada sobre una pequeña tarima alrededor de los tres muros y abierta hacia el altar y tiene 38 asientos.

La fachada ocupa toda la mitad del lado noroeste de la plaza del Conde. Aunque es posterior, del siglo XVII, al igual que toda la Iglesia; armoniza con el resto de fachadas en el tipo de materiales y en su distribución, alcanzado la misma altura que el palacio.

Su ordenación es simétrica, en el centro se ubica la puerta con jambas y dintel de granito, por encima  lleva un pequeño arco de descarga; coronando esta zona central de la fachada hay una hornacina de medio punto, flanqueada por dos pilastras que soportan un frontón; todo hecho en ladrillo.   

Los demás vanos de la fachada son un óculo a cada lado que se traducen interiormente el lunetos  y tres ventanas adinteladas de distintos tamaños y a diferentes alturas, una ilumina el presbiterio, la más baja el coro y la última otra dependencia del convento.

La fachada interior es lisa, con tres óculos y una ventana situados a gran altura. A lo pies se eleva la espadaña.

El tejado es a dos aguas y lleva varias buhardillas en cada vertiente.

La casa que donó el fundador estaba situada frente a la fachada lateral del palacio, quedando de ella una puerta mudéjar, hoy tapiada, es la parte más antigua del convento así lo indica la ancha llaga de los ladrillos y el tipo de arco mixtilíneo encuadrado a modo de alfiz por dos medias columnas adosadas, que soportan un dintel decorado con una banda de  esquinillas, podría pertenecer a la segunda mitad del siglo XIV.     

En la misma fachada hay una ventana adintelada rodeada por una franja de pequeñas puntas de diamante, y en el centro del dintel, un escudo con la representación del Espíritu Santo. 

En cuanto a la escultura en relieve destaca la Pila del agua bendita, está labrada en mármol y se compone de un recipiente circular sobre una columna. La taza se encuentra esculpida en un mármol más grisáceo que el soporte y de forma bastante plana. Es una obra renacentista.

En la escultura exenta nos encontramos con la imagen de  La Dolorosa,  fue adquirida después de la guerra civil para sustituir a otra imagen perdida. Es una buena talla en madera policromada. Esta imagen junto con la del Cristo del Amparo y otra de san Juan Evangelista forman la Deesis, que ocupa la parte central del retablo mayor de esta iglesia.  

Siete cuadros de gran importancia configuran la pintura de este convento.

El martirio de S. Andrés, del siglo XVII, pintado al óleo sobre lienzo, a pesar de carecer de referencias documentales podemos decir que se aprecia la mano de un magnifico artista, con un claro dominio de la anatomía humana y de la técnica tenebrista, enormes contrastes de luces y sombras.

Conjunto del coro del Monasterio de las M.M. franciscanas, formado por seis cuadros pintados al óleo, con temas religiosos:San Francisco, Nuestra Señora del Carmen, Jesús camino del Calvario, La Inmaculada Concepción, La Dolorosa, y San Jerónimo.

San Francisco, 
este cuadro se ha oscurecido mucho, el santo essostenidopor dos ángeles, no se aprecia la firma.

Nuestra Señora del Carmen, que representa la bajada de Nuestra Señora del Carmen alpurgatorio, se caracteriza por la simplicidad compositiva, totalmente simétrica a un eje central imaginario.

Jesús camino del Calvario, es Cristo con la cruz a cuestas camino del Calvario, concretamente parece el momento de la caída, es un cuadro con fuertes contrastes de claroscuro.

La Inmaculada Concepción, es quizá el lienzo más interesante del grupo, sigue la iconografía habitual de este tipo de Vírgenes, es una mujer joven, en pie sobre la media luna, con las manos juntas, morena, vestida con una túnica blanca y el manto azul. Es una obra notable por diversos aspectos, como la luz, la composición o el color.

La Dolorosa, representa la imagen de Nuestra Señora con un manto blanco, entre dos floreros, como si fuera un altar.

San Jerónimo, aparece en el interior de una sala ataviado como obispo, sentado, escribiendo alguna de sus innumerables obras, a sus pies un gran león que luego se convertiría en su símbolo y colgado en la pared, el capelo cardenalicio.  

En cuanto a la orfebrería se conservan cálices realizados en plata y en plata sobredorada y diversas custodias procesionales. 

Imagen: Monasterio de las M.M. Franciscanas

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