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¿Qué es ser constitucionalista? - Artículo de opinión de Santi Vera, Alcalde. 

Hoy, día en el que nuestra Constitución cumple un año más, parece adecuado preguntarse qué es ser constitucionalista; con todas sus consecuencias.

Siempre he pensado que el acatar la Constitución no es sólo acatar un texto jurídico sino acatar los valores superiores de justicia, libertad, igualdad y pluralismo político que propugna nuestra carta magna y que considero forman su espíritu.

Nuestra Carta Magna nace, entre muchas otras cosas, para promover el bien de cuantos integramos España. No es entendible, pues, aquellos que se apoyan en la misma y las instituciones para segmentarla o incluso perseguir intereses particulares.

La Constitución nace como herramienta para garantizar la convivencia del pueblo español, es por ello, por lo que estoy plenamente convencido de que el crispar día a día la convivencia de nuestro pueblo no sólo es reprobable sino que es contrario al espíritu democrático que propugna nuestra Constitución Española.

Ser constitucionalista implica, a mi juicio, respetar todas y cada una de las instituciones del Estado, incluida su expresión territorial representada por municipios y Comunidades Autónomas que dirigen sus gobiernos libremente elegidos en las urnas. Es manifiestamente incongruente la conducta de aquellos que enarbolan la bandera constitucional y anuncian que eliminarían las Comunidades Autónomas en un ejercicio de centralización del Estado ya superado hace más de 40 años.

Ser constitucionalista implica el respetar el normal funcionamiento de las instituciones y sus órganos, se gobiernen o no, pues la Carta Magna garantiza la participación de todos los ciudadanos bien de forma directa o a través de representantes; lo contrario es simple y llanamente sólo querer respetar las instituciones cuando las gobiernas.

Ser constitucionalista implica salva guardar el derecho de la ciudadanía a recibir información veraz por cualquier medio de difusión, pues lo contrario es trasladar información con interés exclusivamente de parte que esta disfrazada de opinión, a veces nada contrastada, o lo que es peor, con desprecio hacia la verdad y que no buscan el interés colectivo y el bien común. Siendo esto último para lo que deben servir las instituciones públicas.

Reconozco y así se estipula en nuestra carta magna que estamos en un estado aconfesional, pero no puedo evitar, seguramente por mis creencias, el que se me venga a la mente cuando Jesús expulsó a los mercaderes del tempo por el uso que hacían del mismo; hay algunos representantes públicos cuyo uso de las instituciones no es mucho más válido que el de esos mercaderes; y quizás pueda ser también motivado por los mismos intereses de aquellos.

No es baladí el creer o no en la Constitución y los valores que propugna, no es baladí el creer de verdad que el texto que juramos todos los cargos públicos nos obliga a perseguir con objetividad el bien común y en ningún caso el beneficio propio; es por ello por lo que creo que, 43 años después, este texto está más vivo que nunca y necesita que se le defienda junto a sus valores como el mayor garante de una democracia intachable, que emana del pueblo en libertad, que protege sus derechos y los antepone a los de unos pocos persiguiendo la redistribución de la riqueza como herramienta de desarrollo social.

¿Y porqué hoy me aparto quizás de lo más visible o actual para hablar de la Constitución? Pues simple y llanamente porque hoy hablo de sus cimientos, de aquellos que todos y todas debemos preservar para que nuestra sociedad este bien asentada, pues de nada servirán declaraciones superficiales que hablen de las paredes de la democracia si día tras día a partir de mañana seguimos golpeando de forma irresponsable los cimientos de la convivencia libre y pacífica otorgada en nuestra Carta Magna.

Feliz día de la Constitución de alguien que cree en ella y actúa en consecuencia.